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Dinámicas de la Humillación
y Diálogos Restauradores de Dignidad: un encuentro para la paz
social. |
Nora Femenia[1] y Nilda Susana Gorvein[2]
Parte I
1.- Dinámica de la Humillación en la Violencia Doméstica
Por que la violencia doméstica es también humillación[3]?
Este trabajo invita los participantes a reflexionar en un aspecto
hasta ahora postergado de los estudios de la paz y resolución de
conflictos. Existe un fenómeno global, que es la dominación de unos
grupos por otros, que tiene un reflejo en la dinámica de la
violencia familiar.
Violencia Doméstica (o abuso doméstico) ocurre cuando un miembro de
la familia, pareja o ex-pareja intenta dominar a la otra física y
psicológicamente.
La humillación se produce por la violación de los límites personales
de una víctima, por causa de la agresión moral y física cometida por
la otra persona.[4] Aparte de ser un delito, aquí vamos a considerar
el aspecto de la humillación de la víctima de Violencia Domestica,
definido como: negación de la dignidad de las personas/grupos
a) La experiencia de humillación
Como se puede describir la experiencia de humillación? Las mujeres
sujetas a abuso doméstico, ya sea emocional o físico, dicen que se
sintieron:
Incapacitadas, confusas, doloridas, paralizadas, llenas de rabia
pero sin poder expresarla;
Achicadas, impotentes como una criatura; apuñaladas en el corazón o
pateadas en el estómago;
Deseando hacerse tan pequeñas hasta desaparecer o ser invisible o
que la trague la tierra; inundada de desesperación.
La humillación produce un sentimiento desagradable asociado con ser
o percibirse siendo injustamente degradado, ridiculizado o hecho
sentir inferior. En particular, es la identidad la que ha sido
degradada.
La humillación es también percibida en el cuerpo, como un dolor
físico intenso.
Para Lazare,(1987) [5] la experiencia de ser humillado a través de
la agresión o violencia por un ser querido envuelve:
1.- sentirse expuesta, manchada, estigmatizada;
2.- reducida en posición social, achicada a la fuerza,
3.- degradada, deshonrada o desvalorizada;
4.- atacada con ridículo, insulto y/o desprecio.
5.- haciéndole sentir una urgencia de desaparecer de la tierra, o
hundirse, o cubrir la cara ante los otros.
No importa cuantos años hace, la experiencia siempre es recordada de
manera muy vivida en la memoria. Margalit[6] (2002) dice que la
humillación es una experiencia formativa que organiza el modo en que
las personas se perciben a sí mismas. La experiencia de humillación
forma la identidad del individuo o del grupo de un modo permanente.
Los eventos humillantes que ocurren a nivel grupal impactan el
sentido colectivo de la identidad del grupo como tal.
Claramente, la humillación envuelve una cierta clase de interacción
definida y desagradable con otros. Podemos mirar punto por punto lo
que envuelve:
-Forzada a estar por debajo de otros:
Si uno tiene que aplacar al humillador, por que no tiene fuerzas
para resistir, esto equivale a “comer tierra;” equivale a seguir
sonriendo y excusando las acciones del victimario sabiendo que una
es terriblemente desgraciada e infeliz, pero imaginando que no hay
otra salida mas que aplacarlo;
-Estar excluida o hecha sentir insignificante
Ser humillada significa estar excluida y sentir que una es menos por
estar excluida del grupo de los adultos que controlan al mundo. Una
es menos que los que la excluyen, como si en sus ojos una no
existiera…no pertenece y se la puede echar fuera con impunidad. Está
excluida de las razones de la violencia que tiene que sufrir; de una
explicación coherente; y también de de una reparación necesaria.
A nivel de alguna área social donde viven, las contribuciones de las
mujeres no están reconocidas. Se las mantiene fuera del círculo del
poder, donde están los que tienen el poder de hacer las decisiones,
como si fueran niñas, inferiores, inútiles o esclavas.
-Destrucción del auto-respeto
Estar humillada es perder respeto, sufrir un daño en la identidad y
el sentido de sí misma.
La tragedia de ser golpeada por un compañero elegido por una, es que
demuestra a todo el mundo, que funciona como testigo, qué torpe,
estúpida e inútil es una que hizo semejante elección. Después de
algún episodio de violencia, a la víctima le resulta muy difícil
creer en su propio juicio debido a que se culpa de haber elegido a
quien ahora la golpea.
Esto demuestra a su familia y amigos que ella no es capaz de
cuidarse, y por lo tanto no es digna de lástima y merece que se la
golpee.
El círculo de destrucción de la auto-estima comienza con la pérdida
del respeto. Y su familia no va a estar muy motivada a intervenir
tampoco (demostrándole de nuevo que ella no es digna de afecto o
respeto), por temor a que ella se subordine nuevamente al victimario.
Esto envolvería al resto de la familia en la humillación percibida,
razón por la cual van a usar negación para mantenerse al margen.
-Invasión del yo
Ser humillado es tener los límites personales violados y el espacio
personal invadido. Cualquier maniobra física, ya sea violación
sexual, tortura o violencia doméstica, destruye el respeto por el
espacio personal de cada uno.
Podemos imaginarnos esta situación de modo interpersonal con una
persona humillando a la otra de manera física, o podemos también
imaginar situaciones de grupos humillando a individuos por el hecho
de ser judíos, o negros, o mujeres, o discapacitados o miembros de
alguna casta rechazada.
La percepción es que la violencia sufrida la ha forzado a exhibirse
en público, donde todos pueden comentar negativamente acerca de su
identidad de mujer golpeada, y hacer juicios de valor sobre su
persona. No hay manera de proteger su intimidad.
En algunos países esto se remedia rápidamente este aspecto entrando
a la mujer golpeada en un refugio donde hasta su identidad es
mantenida en secreto, para poder comenzar el proceso de sanación en
una situación protegida de violencia física.
-Dolor Público o Social:
Son las experiencias dolorosas que aparecen desde la percepción de
la distancia psicológica y social injusta entre nosotros y el grupo
social al cual sentimos pertenecer, el de los seres humanos. Esta
distancia percibida, nos hace identificarnos con una clase especial,
la de las personas “parias” excluidas de la “gente normal.”
Se rompe el vínculo con los otros, dado que la exclusión hace sentir
que ya no queda nada más que perder….es el camino de los excluidos
permanentes, que a veces vuelven para tomar venganza haciendo un
ataque masivo y anónimo a gentes que no tienen nada que ver con
ellos.
Este tipo de identificación con una identidad por debajo de la
dignidad de ser humano produce consecuencias inmediatas y de largo
alcance, pues el dolor que causa provoca:
Auto-Percepción Disminuida
Auto-Regulación Disminuida
Aumento de la Conducta Insensitiva y Desafiante
Aumento de la vivencia de aislamiento y desconexión social
Es una premisa de este trabajo que la humillación impartida en
relaciones interpersonales donde hay control y ejercicio abusivo del
poder va mas allá de la violencia doméstica como castigo físico, y
compone un cuadro donde la mera protección y distancia del
victimario es penosamente insuficiente para reparar el trauma de la
humillación a manos de una persona de la familia.
2) Descripción del Componente de Humillación en la Violencia
Doméstica
Definimos aquí violencia a todo tipo de maniobra abusiva contra un
miembro de la propia familia. Puede haber todo tipo de abuso, desde
la violencia física hasta denigración y mal trato emocional. Se
acepta que la motivación mas fácil de discernir es el deseo o la
compulsión de mantener el control sobre otros en el mismo circulo
familiar, ejerciendo poder sobre ellos. Estas formas de abuso tienen
la capacidad de producir dano físico o mental en las personas
abusadas y hasta llevarlas al suicidio.
La Oficina de Violencia contra la Mujer Americana define la
violencia doméstica como un modelo de conductas abusivas en
cualquier relación, que se aplica por uno de los miembros para
mantener poder y control sobre el otro compañero. La VD puede tener
muchas formas, incluyendo abuso físico, sexual, emocional, económico
y psicológico.[7]
Violencia física es el uso intencional de fuerza física con el
potencial de causar dano, injurias, incapacidad o muerte, por
ejemplo: pegar, empujar, patear, morder o usar un arma. Puede ser un
solo episodio (explosión de rabia instantánea que no se repite) o
puede formar parte de un cuadro de control si se le agregan técnicas
de humillación permanente.
El abuso emocional o psicológico incluye el uso de humillación para
controlar lo que la víctima puede o no puede hacer; restringirle
información y poder de decisión, hacer cosas que la hagan sentir
avergonzada o disminuida en público y en privado, aislarla de la
familia o amigos, y restringir su acceso al dinero u otros recursos
básicos.[8]
Diferenciamos aquí los sentimientos de humillación que una persona
pueda sentir, del proceso humillante que una persona ejerce sobre
otra. Klein propone el término “dinámica humillatoria” para
significar un proceso interpersonal permanente, no solo la
experiencia personal de la humillación.
O sea que, al hacer violencia física o psíquica, el humillador va a
buscar que haya un proceso establecido por el cual se refuercen los
sentimientos de humillación que una persona experimente a través del
control que ejerce sobre ella. Esto se logra por medio de la
introducción del tercero como testigo: los hijos, la familia extensa
o público en general.
El componente de humillación de las operaciones de control, se puede
describir como el “Triángulo de la Humillación”
La Dinámica de Humillación es un concepto relacional que enfoca la
interacción entre las personas y su entorno social. La experiencia
de humillación prototípica envuelve un triangulo con:
a) el humillador
b) la víctima, que experimenta ser humillada
c) el testigo social, que conoce a la pareja, y ve la humillación
Todos hemos jugado los tres roles alguna vez, pero el rol de testigo
es el más común: todos estamos expuestos a diario a espectáculos
públicos de ridiculización, degradación, y el desprecio de otros.
[9]
Incluimos aquí como testigos a todo el mundo que percibe la
situación de violencia doméstica. Los vecinos, amigos de la familia,
parientes, miembros de la iglesia, y la sociedad patriarcal en
general. Estos testigos tienen un dilema: ya sea que deciden
reconocer lo que están viendo como un violación de los derechos
humanos de una persona a manos de otra, (e intervenir) o negar la
percepción y hacer como si no han visto nada anormal o ilegal, están
en una posición difícil.
La aceptación de la violencia familiar se asienta en el
consentimiento silencioso de los testigos, que a sabiendas o no
convalidan este ataque. El hecho que haya tantas instancias
decididas a jugar un rol pasivo de “no te metas con el caso
particular,” nos ilustra sobre una de las explicaciones de su
persistencia.
La violencia se perpetúa por que las personas involucradas, faltas
de herramientas adecuadas para procesar esta atrocidad, deciden no
hacer nada. El aumento del número de muertes de mujeres víctimas de
la VD año tras año, nos hace preguntarnos por las razones sociales
que la convalidan. Más allá de las razones propias de cada cultura,
vemos en España[10] que a pesar de haberse promulgado en 2004 una
ley especial que provee un remedio especifico: Los Juzgados de
Violencia sobre la Mujer, las estadísticas dicen que no hay
disminución observable todavía en el número de muertes por año.
Otro signo que hay una complicidad del testigo social frente a la
humillación de las mujeres, es que se han diseñado numerosos
auxilios destinados a sacar a la mujer del lugar de peligro
inmediato, no habiendo demasiadas ayudas después para que pueda
establecerse independientemente y mantener a sus hijos. O sea que se
atiende a la urgencia policial, pero el problema de fondo: atender
al desarrollo personal y financiero de la persona queda
perfectamente ignorado.
El ir a un refugio tiene muchos riesgos de seguridad personal (la
mayoría de las mujeres son atacadas y muertas por los maridos al ir
al refugio), y de riesgo financiero (no hay recursos económicos que
las ayuden a recomponer una situación económica digna). Y sin
embargo, no hay otras soluciones ofrecidas por la sociedad más que
sacarla temporariamente de la línea de fuego. Hay pocas excepciones
de programas destinados a reconstruirles la auto-estima a través de
lograr que el victimario acepte su responsabilidad por el ataque, el
pedido de disculpas y la reparación del dano.
3) La humillación de las mujeres como un modo de control social.
La humillación de una mujer en manos de su pareja les sirve a todas
las demás como recordatorio de su propia condición. La degradación
de una es compartida por todas las otras de la misma condición.
Y cual es el mensaje recibido? El mensaje tiene que ver con el
centro del proceso de humillación, que es ejercer poder y control, y
sirve para que los hombres aprendan que este método de control de
las mujeres es un arma legítima en su repertorio.
Cuando están creciendo, los muchachos están siempre aprendiendo los
distintos aspectos del “pecking order” (orden de autoridad) y de
cómo posicionarse en él por medio de rebajar a los demás.
Dentro de un paradigma social competitivo de ganar-perder, los
varones aprenden que en la vida siempre hay ganadores y perdedores.
En la primera infancia tienen que aprender a manejar su medio
ambiente de modo de aprender como recibir recompensas y evitar
castigos.
Descubrir que el amor de los padres depende de portarse bien (o sea
que es condicional) y que va a sufrir humillaciones y castigos si se
porta de modo incorrecto, es el tema central. Los varones mayores se
ocupan de poner a los más chicos en su lugar por medio de la ironía,
el castigo físico y la siempre latente amenaza de humillarlo en
público frente a los demás (amigos o parientes).
Los grupos de varones pre- escolares y adolescentes aprenden a
competir casi automáticamente, a posicionarse automáticamente por
encima del otro, y a pelear por aceptación y reconocimiento con
todas sus armas. Nada de eso viene gratis. El arma que templa estos
desarrollos es la humillación pública, ya sea que uno sea su blanco
o que sea el testigo de la humillación de los otros.
De este modo, los hombres aprenden que la humillación es un arma
poderosa, que no deben sufrir humillación a manos de nadie, y que en
el status que el pecking order les confiere, deben hacerse respetar
por los de abajo. Aprenden de este modo a evitar cualquier tipo de
riesgo de ser percibidos como sujetos a una situación humillante, y
a redirigir la humillación hacia otros. La simple capacidad de
aceptar críticas de los demás disminuye en relación con la necesidad
de mantener control sobre la propia posición en el orden.
Las personas haciendo la humillación se ven forzadas a repetir una
conducta aberrante, que ellos han sufrido pasivamente desde pequeños,
y que ahora los pone en la posición de victimarios. Humillar a otros
no les cura su herida primordial, pero provee un alivio transitorio
al infligir la misma humillación a otros. Hacen esto llevados por
enseñanzas sociales que les permiten imaginar un alivio si se ponen
en el rol del poderoso y colocan a otros en la posición de
impotencia que ellos tuvieron en una época anterior.
Es muy fácil desde aquí atribuir el estado subordinado a las mujeres,
interpretar su independencia emocional o financiera como una amenaza
al orden constituido, y tratar de controlarlas usando amenazas de
violencia, o violencia estratégicamente aplicada de modo que tenga
un valor educativo doble: ya sea frente a los hijos o a los
parientes. Les enseña a todos, de una manera refleja, como está
constituido el orden patriarcal, para que todos lo reconozcan y se
sujeten a él.
4) La Diferencia Entre Humillación Y Vergüenza
Vergüenza y humillación son dinámicas diferentes y se procesan de
modo diferente en los niveles individuales y colectivos. Una
diferencia fundamental es que la humillación se produce en la
interacción con otra persona o grupo, quien es capaz de ponerlo a
uno en una posición impotente y rebajada, porque tiene el poder para
hacerlo. La vergüenza envuelve, primordialmente, un juicio de valor
del yo sobre si mismo.
La vergüenza se manifiesta cuando no hemos sido capaces de vivir de
acuerdo con nuestras propias ideas de valor, o juicios morales. Se
refiere a medirse con lo que constituye la conducta apropiada en los
ojos de uno, y en los ojos de la comunidad donde uno esta.
Humillación es lo que uno siente cuando uno es ridiculizado,
rebajado por lo que uno es, más que por lo que uno hace. Ser
humillada por que se es mujer es el sentimiento básico, y duele por
que ataca las creencias primordiales acerca de la igualdad de las
personas, como un derecho humano de todos.
Las personas creemos que podemos juzgarnos a nosotros mismos y
podemos aceptar la vergüenza, pero nadie cree que se merece ser
humillado, por que se humilla a otro basado en criterios que el
humillado no puede cambiar. Humillar a alguien por que es negro o
mujer significa cargarlo con una demanda imposible: no se puede
cambiar ser mujer o ser negro.
La humillación no es vergüenza; una persona puede sentir vergüenza
de sus propias falencias, pero esto no significa que los demás
puedan humillarlo por esas mismas falencias. Acá hay un fallo de
expectativas de derechos humanos, por que se somete a la víctima a
criterios idiosincráticos y particulares del grupo que se mantiene
en el poder y no se la acepta en su diversidad. Uno no necesita
sentirse avergonzado de quien uno es para poder experimentar
humillación a las manos de otros.
A pesar que a veces los episodios de humillación provocan vergüenza
a nivel individual, es útil considerar a estas dos situaciones como
separadas, por lo menos para los propósitos de trabajar por un orden
más justo y que promueva la salud emocional. Sobre todo, hay que
tratar de evitar la identificación de las víctimas con su victimario.
Existen algunas consecuencias muy dolorosas de las experiencias de
humillación permanentes, tales como:
identificarse con el victimario y experimentar vergüenza de ser uno
como es;
ver la propia vida desde una perspectiva cínica y negativa como una
secuencia de humillaciones provista por Dios o un ser superior para
hacer sufrir a los humanos;
deprimirse seriamente;
obtener un tipo de venganza substitutiva por las humillaciones
pasadas y presentes infligiendo abuso físico y emocional en otros
mas débiles;
construir una visión paranoide del mundo y de los otros,
aceptar la destrucción propia a través del suicidio.
5) Situación actual del tratamiento de la violencia domestica
Hasta este momento, no hay demasiados enfoques que propongan métodos
de reparar no solo los efectos de la violencia doméstica sobre sus
víctimas, pero también identificar y curar el componente de
humillación que acompaña al ataque.
Los procesos establecidos por distintas sociedades atienden más bien
a la prevención de un daño mayor, separando a la víctima del
victimario, y alentando a que ésta pueda organizar una vida
independiente. Los refugios, los numerosos tratamientos de mujeres
golpeadas ofrecidos y en general, la literatura del tema ofrecen
solamente la solución de separar a la víctima. Esto la protege de la
situación riesgosa, al mismo tiempo que la deja esperando para
siempre una reparación de su dignidad como ser humano respetable que
no llegara nunca. Y el victimario no ha aprendido a manejar su
agresión de un modo aceptable.
Aquí sostenemos que está permitida hoy la ayuda individual a la
víctima, pero no el cuestionamiento social a la humillación, dado
que esto tendría un efecto importante sobre las reglas de la
interacción social entre hombres y mujeres del patriarcado. Se niega
la falta de respeto a los derechos humanos de las mujeres dentro del
matrimonio, frecuentemente desviando la atención, y culpando a la
víctima.
Existe una pregunta clásica en esta área, que está en boca de todos
los terapeutas y profesionales que atienden casos de violencia
doméstica, y es: “Por que ella no se va de la casa y lo deja al
victimario”?
Caso tras caso, vemos que la mujer vuelve al hogar, a exponerse a la
misma situación de violencia. Aquí arriesgamos una explicación
diferente a las clásicas ofrecidas, sin negar su valor explicativo
(“ella es masoquista,” “quiere ser golpeada,” “es dependiente,” “no
puede obtener el dinero para vivir sola,” etc.). Cualquiera sea la
razón elegida, no es suficiente para explicar el por qué exponerse a
una mayor violencia!
Salvo que haya un bien mayor que conseguir al volver…y éste es la
reparación de la humillación. En este trabajo, sostenemos que la
mujer golpeada vuelve pues necesita de él un cierre con respecto a
la imagen que ella tiene de sí misma a través de él…
Necesita confirmación, viniendo exclusivamente de él, no de nadie
más, sino de su compañero, que ella es la persona digna, valiosa y a
su nivel que él eligió cuando se casaron!
Entre ellos hay un pacto de reconocimiento mutuo que se quiebra
cuando el golpea y la rebaja a un nivel inferior, subhumano, de un
ser que él tiene poder para humillar y golpear.
Ella necesita la reversión de este proceso de humillación, ofrecido
por conductas especificas de él, que le devuelvan a ella la
identidad completa y segura. Hasta que no logre esta reparación,
ella no se puede ir…Quizás consienta en irse cuando descubra que es
mayor el riesgo de la violencia que escala sin control, que la
posibilidad de recibir reconocimiento.
Para esto, hace falta un diálogo especial, que proponemos mas
adelante, y que necesitaría estar incluido en las políticas de ayuda
a la mujer golpeada de las entidades oficiales. Es este aspecto de
humillación conyugal y los modos de proveer su reparación explícita
que vamos a explicar ahora.
6) El Camino Hacia la Reparación
Hemos llegado a describir el rol de la humillación en la relación de
abuso y violencia doméstica. Aquí vamos a ofrecer un par de
propuestas enraizadas en el remedio a la humillación, que es el
reconocimiento, a través de revisar las propuestas de Cloe Madanes,[11]
y de Nadler y Schnabel.
El principal punto que tratamos de enfocar aquí es lograr la
restauración del poder de la víctima, a través de procesos de
reconocimiento y reconciliación. Es evidente que esta propuesta es
distinta al enfoque oficial sobre violencia doméstica, por que
rescata el valor de incluir al victimario en un proceso activo de
reparación.
Si se ha demostrado que excluir al victimario aumenta su
peligrosidad y el riesgo de desatar más violencia, aquí proponemos
el rol único del victimario como protagonista de un proceso activo
de reparación de la dignidad de su víctima (o víctimas). En este
sentido, las dos propuestas teóricas comparten la proposición de
considerar a las dos partes del conflicto de violencia doméstica al
mismo tiempo como relacionadas y capaces de restaurar algún vínculo
positivo entre ellas.
La gran diferencia con los enfoques clásicos para el tratamiento de
VD es que se incluye la presencia del victimario dentro de un
programa de reparación tan exigente como necesario.
Recordando la discusión en el campo de la mediación familiar sobre
el tema: se puede mediar un caso que incluya violencia doméstica?
Acá la respuesta es un complejo “SI.”
Esta es una mediación reformada, en la cual se hace énfasis en un
proceso predeterminado para conseguir objetivos concretos, y el tema
de la violencia y el abuso es precisamente el foco del proceso.
Algunos mediadores tradicionales no aceptarán que este proceso puede
hacerse desde un encuadre clásico de mediación, y preferirán dejarlo
en manos de terapeutas familiares.
Diríamos que el “acuerdo a lograr” es un consenso de la pareja o
familia sobre ciertos hechos:
a) la violencia existió realmente: es repugnante, ilegal y
humillante
b) la persona que ejerció violencia se tiene que hacer responsable
c) y pedir perdón y ofrecer reparaciones a la víctima y testigos
d) todos van a ser testigos del plan de reparación.
En las palabras de Madanes: “toda persona, no importa lo que haya
hecho, tiene la posibilidad de auto-determinación, de decidir hacer
lo correcto para el futuro, de cambiar por completo su vida para su
propio beneficio y el de la sociedad. En este enfoque, se exige que
el individuo encuentre un sentido a su existencia, a pesar del
crimen que ha cometido. Tiene que vivir, por más que le cueste, para
reparar el daño que ha causado a su familia, y asumir sus actos
futuros dentro del marco de esta reparación.” (Pág. 79)
Yendo todavía mas adelante en esta propuesta de incluir a las dos
partes en la intervención restauradora de la dignidad, está la
teoría de las Necesidades Humanas, propuesto por Arie Nadler and
Nurit Shnabel[12], que consiste en tres niveles consecutivos de
proposiciones:
(1) La experiencia de humillación de las víctimas es una amenaza a
su identidad como actores sociales valiosos; asimismo, los
victimarios experimentan una amenaza a su identidad como actores
morales;
(2) Por su lado, los victimarios buscan información sobre el grado
en que son aceptados por los otros y vistos como entidades morales;
mientras que las víctimas buscan recomponer su poder y obtener
reconocimiento de la injusticia hecha a ellos. La frustración de
estas necesidades lleva a sentimientos de inferioridad moral y de
falta de poder que constituyen barreras a la reconciliación.
(3) Finalmente existe la posibilidad de ofrecer mensajes de
aceptación social y empoderamiento, que van a satisfacer las
necesidades emocionales de las víctimas y de los victimarios, y de
allí desarrollarán una mayor disposición a reconciliarse entre sí.
(4) El ciclo de apología y perdón aquí descrito constituye una
interacción social que satisface las necesidades psicológicas de
ambos: la víctima y el victimario.
Cuando el victimario se disculpa admitiendo responsabilidad por los
daños cometidos, le da a la víctima el poder para dar o negar el
perdón. Esto le devuelve a la víctima el poder y el auto-control que
le fueron quitados en el episodio de victimización.
Si la víctima entiende las circunstancias que llevaron al victimario
a cometer esos delitos y que ahora al buscar ser perdonado por esos
mismos delitos el victimario busca no ser mas en el futuro percibido
como un monstruo moral, queriendo ser aceptado de vuelta en la
comunidad en algún tiempo futuro, el proceso tiene éxito.
El completar este ciclo de “disculpas—perdón” les permite a la
víctima y al victimario el moverse mas allá de las barreras
emocionales de la impotencia y la inferioridad moral y esto aumenta
su capacidad para crecer como individuos.
En su análisis de las consecuencias psicológicas de este proceso de
responsabilización-perdón, Gobodo-Madikizela,[13] (2003, p.117)
presenta este argumento: “…la decisión de perdonar puede
paradójicamente elevar a la víctima a una posición de fuerza, como
la persona que posee la llave del deseo del victimario… la víctima
se transforma en el controlador de los deseos de la persona
humilladora.”
Los victimarios, por el otro lado, están enfrentando un desafío a su
identidad como personas valiosas y morales. Ser identificado como el
culpable de brutalizar a otra persona, puede resultar en expulsión
de la comunidad, del grupo donde uno pertenece. Cuando la víctima le
ofrece el perdón por sus crímenes, esta sensación de estar excluido
se hace más soportable, y le da esperanzas de volver a ser respetado.
El punto aquí no es que ambos se reconcilien y vuelvan a vivir
juntos, como si nada hubiera pasado. El punto es enseñarles a ambos
una lección nueva:
1) Al victimario, que se tiene que hacer cargo de sus propias
acciones y sus consecuencias, y pagar el precio de traspasar
barreras de respeto a otro ser humano.
2) Para la víctima, recuperar su propio poder de decidir qué
tratamiento quiere recibir de los otros, y poner límites a conductas
no aceptables le enseñará a reclamar su poder como ser humano adulto.
7) Diferencia entre reconciliación socio-emocional y reconciliación
instrumental
Es necesario hacer una diferencia entre reconciliación socio-emocional,
y la reconciliación instrumental. La reconciliación instrumental es
un pacto consciente de no agresión, que demuestra a través de
repetidas acciones que las partes pueden confiar el uno en el otro.
Es la reconciliación entre enemigos destinada a retomar algún
contacto para ejecutar un proyecto en el futuro. Este se enfoca en
el presente y requiere aceptar que se necesita una cooperación entre
adversarios, para planear un futuro reconciliado.
Si sólo planeamos que las partes puedan tener una coexistencia
separada, como personas divorciadas, quizás sólo una reconciliación
formal, que mire hacia el futuro y no el pasado de la relación sea
suficiente. A este efecto, habrá que confiar en los términos del
acuerdo entre partes sostenido por las estructuras legales….pero
sabemos que esto no repara los aspectos emocionales destruidos; sólo
provee una base de acuerdo pacífico y legaliza el status quo deseado.
La reconciliación socio-emocional, al estar basada en hechos del
pasado, mantiene que una confrontación constructiva, que ayude a las
dos partes a superar el episodio de victimización es la clave para
un futuro de reconciliación.
La reconciliación socio-emocional es mas consistente con el objetivo
de la reintegración. Busca restaurar las identidades valiosas de
ambas partes, a través del ciclo de apología-perdón, que los libera
de las amenazas que cada uno presenta para la identidad del otro.
Dejan de verse recíprocamente como una amenaza, y están ambos
incluidos en una identidad más amplia, más inclusiva.
La reconciliación socio-emocional tiene el poder de efectuar un
cambio en la identidad y auto-imagen de cada una de las partes. Es
mas que instrumental, reparatoria. Tiene que haber un poco de
confianza para que las disculpas por el acto agresivo sean tomadas
como genuinas y no como otra maniobra más de control.
Quizás haya que empezar con una reconciliación instrumental, tomando
solo algunos aspectos de las reglas de interacción de Madanes, (voluntad
del agresor de participar; contar toda la verdad de las agresiones
hechas, aceptación de su responsabilidad) y de allí pasar a la
reconciliación socio-emocional descripta por Nadler.
A nivel de conflictos afectando no una pareja, sino a la misma
sociedad, hemos visto que los procesos de reconciliación y verdad
social han sido institucionalizados al final del proceso de
mediación de los conflictos internos, para promover así el objetivo
de la integración social.
La decisión básica en el comité de verdad y reconciliación en Sud
Africa, era que el proyecto de reconciliación entre blancos y negros
sería facilitado a través del proceso de contar la verdad de los
hechos de agresión por los victimarios, bajo la condición de recibir
el perdón de sus víctimas.
Parte II:
Los Diálogos Restauradores de Dignidad
El método de Cloe Madanes:
Hay algunos principios que guían este proceso reparativo, llamado
por Madanes la “Terapia de Acción Social.”
Ellos son:
1) las personas cambian cuando cambia su ambiente social, por lo que
el agente (terapeuta o mediador) interviene modificando la
significación de las relaciones;
2) el agente es directivo, y tiene que saber qué indicaciones
ofrecer al grupo familiar afectado;
3) el objetivo más importante es la protección de los derechos
humanos de las personas afectadas. Si el agente no lo hace, es
posible que no haya otras entidades que puedan defenderlos.
4) El grupo humano tiene que organizarse para hacer lo que es moral
y éticamente correcto. En los problemas de violencia y abuso, este
principio es fundamental. Y cómo no se puede evitar tratar a ambas
partes de la díada: abusados y abusadores, es que hay que saber qué
está bien, qué está mal y trazar la línea divisoria para que el
grupo familiar pueda entender qué hacer.
5) En casos de abuso, el dolor no solo es moral, es espiritual. Dado
que la humillación ataca al sentido espiritual y moral de una
persona, hacer lo correcto significa restituir el espíritu de las
personas dentro de la relación correcta. Este sentido espiritual se
localiza en los sentimientos enraizados en la red familiar:
suponemos que quien nos quiere, no nos va a atacar, y nos protegerá
si estamos en una situación de menor poder. Un hombre que pega a su
esposa viola esta ley familiar de apoyo y cuidado mutuo, abusándose
de la falta de poder de ella.
Qué significa esto en la práctica?
En una terapia de acción social, cada persona es responsable por sus
actos. No importa cual sea la provocación, siempre hay una
alternativa mas pacífica. Si el padre eligió portarse con violencia,
hay que saber que él tenía otros caminos posibles, pero decidió
activamente ejercer la violencia contra su esposa o hijos. No puede
justificarse a través de su naturaleza, su carácter o la fuerza de
sus emociones. Tampoco por estar bajo la influencia del alcohol o
drogas.
Como en los procesos establecidos en los comités de verdad y
reconciliación, establecer una verdad consensuada es importante para
Madanes. Ella dedica mucho tiempo a averiguar todo lo necesario
sobre cada uno de los episodios de violencia, hasta que está segura
que todos comparten la misma información. Esto reafirma el hecho que
la violencia es grave, cualquiera sea su grado; que implica un abuso
de poder y control, y que todos comparten y aceptan esta información.
Madanes llama a este punto: fomentar el “sentido de realidad,” de
todos los miembros, con lo cual evita la negación grupal de la
gravedad de los ataques.
Un padre violento no solo debe creer y aceptar que es el único
responsable de su violencia, y que la violencia está muy mal;
también tiene que expresar ese convencimiento a aquellos a quienes
ha herido y transmitirles su pesar genuino por los actos cometidos.
Para Madanes[14], este pesar toma formas muy concretas: ella invita
al hombre a pedir perdón de rodillas a la persona agredida, y no
acepta ninguna otra forma de disculpas. La mujer debe estar allí,
ver al hombre de rodillas pidiéndole perdón y decidir cuando la
disculpa le parece tan genuina que merezca su perdón; sólo entonces
decidirá si puede o quiere perdonarlo.
Y POR QUE ESTA DECISION TAN FUERTE DE INVITAR A PEDIR PERDÓN DE
RODILLAS? Madanes[15] cree que es la única manera en que se rompe
definitivamente el supuesto básico de poder y control masculino
sobre las mujeres. El agresor va a considerar esto un pedido
humillante; para Madanes, es justamente por esta razón (haber
causado una humillación a su mujer) que debe arrodillarse, para
restaurar el poder de su cónyuge. No puede reemplazar esto con un
pedido de perdón solamente verbal, por que no está en condiciones de
pedir nada. La cuestión no es pedir perdón, es arrodillarse y
mostrar su pesar. Esta terapia social se basa en arrepentimiento y
reparación, no en la obtención de perdón. Y allí el terapeuta
preguntará a la familia o a la mujer si éste arrepentimiento les
parece sincero; de otro modo tendrá que disculparse de nuevo. Aunque
no se disculpe por la agresión, tiene que disculparse por la mala
relación con la mujer, y la hostilidad demostrada hacia ella.
A lo largo del proceso de investigar los actos de violencia, habrá
que tener cuidado de re-enmarcar el sentido de los actos de
violencia masculina, llevándolos de ser vistos desde un marco que
los denota símbolos del poder y el control de los hombres hacia las
mujeres, hacia presentarlos como inmadurez, debilidad y derrota en
el liderazgo sano de padre de la familia.
Para contrastar con ejemplos de otros desarrollos en otros países,
veamos la propuesta de Paz Castillo Ruiz (2001), en su relato de
tratamiento de hombres agresores en países nórdicos:
El proceso de terapia de acción social:
• Es abierto y el terapeuta cumple una función crucial en centrar la
terapia en la violencia doméstica.
• Todos los participantes han de reconstruir minuciosamente, frente
a
los demás, los episodios de violencia (en algunos casos se obliga a
utilizar el nombre propio de la persona agredida).
• Una vez que la violencia es visibilizada y reconocida, se ayuda al
individuo responsable a reconocer las fases de escalada y las
técnicas para su control (el time out [tiempo-fuera] es una de las
más conocidas).
• El individuo también ha de reconocer que su conducta era
consciente y evitable, que es responsable porque teniendo opciones
pudo actuar de otra forma y que su conducta implicaba algún tipo de
control sobre la víctima.
• Por otra parte se le ayuda a ver las consecuencias de la violencia
(para él y su familia) y otras opciones o salidas.
• Hay un consenso familiar respecto a los componentes de este
proceso. [16]
La diferencia es que en este proceso, se incluye la observación de
las señales de la escalada del conflicto hasta niveles de violencia
interpersonal. Y se promueven técnicas de auto-control para
desactivar la tendencia a la agresión, restaurando la capacidad del
agresor de controlarse a si mismo. NO se incluye la parte de mostrar
arrepentimiento de rodillas, por lo tanto no podemos decir que esta
técnica cumpla con la tarea de reparar la humillación de la parte
abusada.
Parte III:
Los Diálogos Restauradores de Dignidad
PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN
En este trabajo proponemos métodos pacíficos de restauración del
respeto a los derechos humanos a la integridad física y emocional,
reparación de la humillación infligida y en general la
implementación de sistemas apropiados de reconocimiento y curación
de la dignidad. A estos métodos los hemos llamado “Diálogos
Restauradores de Dignidad”
Esto se hace a través de la propuesta de conversaciones organizadas
con las partes afectadas, posiblemente la pareja o familia con
violencia doméstica, ya sea desde el rol de un terapeuta familiar,
de un asistente social, o de un terapeuta-mediador. Puede haber
también una intervención por dos profesionales. Estas pueden ser un
ciclo de reuniones de dos o tres, hasta diez, dependiendo del caso,
de una duración establecida de 60 a 90 minutos.
Los casos propuestos por Madanes, dada la existencia de violencia
doméstica han sido referidos a estas reuniones terapéuticas por las
entidades del estado. Ella describe el rol de terapeuta social como:
“cambiar las relaciones, reorganizando la red natural de la familia,
la tribu y luego retirarse y dejar que los miembros del grupo se
cuiden y protejan entre ellos.” (p 34)
Los diálogos reparadores de dignidad son procesos que tienen:
a) un objetivo declarado: cambiar las relaciones de poder;
b) un esquema ya establecido de pasos
c) un lenguaje apropiado
ETAPAS EN EL PROCESO DE: APOLOGÍA-RESPETO-RECONCILIACION
En estos diálogos, vamos a proponer el objetivo de cada etapa, y los
contenidos de la conversaciones, listando los elementos de los
tópicos y el estilo o técnica de comunicación elegido.
1.- Etapa
OBJETIVO: Restauración del Respeto:
Suspender el juicio de valor hasta tener toda la historia;
Escuchar reflexivamente a ambas partes;
Descubrir los supuestos (control, poder) subyacentes,
Invitar a hacerse cargo de la responsabilidad total por los actos de
agresión
Invitar a mostrar arrepentimiento sincero por todas y cada una de
las agresiones, arrodillándose ante la víctima
Administrar las resistencias y emociones,
Demostrar empatía y respeto a los dos lados
EXPLICACION
Dado que estos diálogos están centrados en trabajar la violencia
tanto física como emocional, y su componente de humillación
interpersonal, es importante mantener el foco.
En realidad el único gran problema familiar es el balance entre
control y violencia; amor y respeto. Por eso hay que ofrecer un
espacio de diálogo sobre lo que les pasa con el tema del control y
la violencia.
Las preguntas estarán dirigidas a oír la narrativa de las víctimas,
hacerles escucha reflexiva, dándoles el respeto adecuado y enfocar
los porqués de la violencia en términos de control y poder. Lo mismo
se recibirá la narración del victimario, dándole el mismo re-enmarcado
de poder abusivo, usando las palabras: “abusar” y “ejercer poder.”
Una vez que se ha establecido claramente que no hay excusas para
los actos de violencia recordados en todos sus detalles, se invita
al victimario a mostrar su arrepentimiento por los actos que ya ha
reconocido que hizo.
Finalmente, identificar en este arrepentimiento los aspectos de
sinceridad emocional, para reforzar la emoción de pena por lo hecho.
2.- Etapa
OBJETIVO: Restauración del Reconocimiento:
l Identificar y reconocer las necesidades humanas de respeto y
reconocimiento de ambas partes;
l Hacer apreciación de las cualidades positivas: la resiliencia ante
la agresión, de ella;
l Capacidad de él de sentir vergüenza por haber sido violento.
l Ofrecer narrativas donde se re-evalúe la situación del otro,
identificando los aspectos valiosos y que ambas partes acepten.
EXPLICACION:
Revisar los episodios de agresión, haciendo hincapié en la violación
de derechos humanos:
A la privacidad
A la integridad corporal
A la seguridad, etc.
A la inclusión dentro del grupo familiar.
Y revisar esos episodios buscando los aspectos de resiliencia:
--Qué hizo la víctima para protegerse? Para prevenir el ataque? Para
sanarse luego? Para hacerse feliz?
--Qué hizo el victimario para volver a sentirse humano de nuevo?
Para ayudar a sus víctimas a sentir confianza de nuevo? En que
momento se permitió sentir vergüenza o pena?
3.- Etapa
OBJETIVO: Restauración de algún tipo de VINCULO :
l Enseñar expresiones de respeto por la dignidad del otro
l Enseñar las narrativas de la co-responsabilidad
l Identificar las circunstancias donde el otro se sienta humillado,
para prevenirlas.
l Validación de los traumas grupales del pasado, sin tener que
repetirlos, usando rituales y símbolos.
l Propuesta de frases apreciativas de todos los días.
EXPLICACIÓN:
Las expresiones de respeto deberán ser propuestas, usadas en la
sesión y trabajadas en casa. Se les pedirá en la reunión siguiente
que cuenten cómo y cuando las aplicaron.
Narrativas de la co-responsabilidad: si son padres divorciados, que
tengan un cuadro que diga quien va a hacer que y cuando; hacer
listas de las responsabilidades de soporte mutuo, o de crianza de
los hijos y dividir las tareas, de modo que cada uno sabe lo que el
otro va a hacer y de que es responsable.
Ayudarlos a ver que tipo de conductas/frases/actos producen
humillación; pensar que frases/actos los compensan.
Identificar que actividades o programas repararían los daños del
pasado: y planear cómo hacerlas.
Darles una lista de frases apreciativas basadas en la realidad de
cada uno: Que es lo que Ud. aprecia del otro?
CONCLUSIONES
Hemos propuesto aquí un enfoque nuevo al tema de la violencia
doméstica, dentro del marco de la humillación y su compensación que
es la restauración del respeto y la dignidad. Se ha revisado una
propuesta de trabajo que incluye la reparación de la humillación a
través de diálogos específicos con objetivos delimitados de antemano.
Esperamos que este enfoque aporte algo novedoso a la urgente
necesidad de transformar el problema de la violencia en todas sus
manifestaciones dentro de la dinámica familiar.
La práctica frecuente de los elementos del diálogo restaurativo de
dignidad hará que los grupos familiares aumenten su repertorio de
herramientas para la construcción de relaciones pacíficas y
satisfactorias de sus necesidades de respeto, seguridad y
pertenencia.
REFERENCIAS
About Domestic Violence. Office on Violence Against Women. http://www.ovw.usdoj.gov/domviolence.htm
Registrado el 2008-03-02
Arie Nadler and Nurit Shnabel, (2006) “Instrumental and
Socio-Emotional Paths to Intergroup Reconciliation and the
Need-Based Model of Socio-Emotional Reconciliation,” in A. Nadler,
T. Malloy & J.D. Fisher (eds.) Social Psychology of Intergroup
Reconciliation. New York: Oxford University Press, publicado en:
http://www.humiliationstudies.org/documents/NadlerIntergroupReconciliation2006.pdf
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Gobodo-Madikizela, P. (2003). A human being died that night: A
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Internacional
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Lindner’s Writing © Evelin Gerda Lindner, publicado en:
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Madanes, Cloe; Keim, James & Smelser, Dinah (1997) Violencia
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Paz Castillo Ruiz (2001) TRATAMIENTO DE HOMBRES AGRESORES EN PAÍSES
NÓRDICOS, BID (Banco Interamericano de Desarrollo),
consultado en Marzo 4/2008, en:
http://www.iadb.org/sds/doc/VD2TratAgresNor.pdf
http://www.humiliationstudies.org/documents/evelin/WorsethandeathNewRoutes.pdf
http://en.wikipedia.org/wiki/Domestic_violence, registrado el
2008-03-8
--------------------------------------------------------------------------------
[1] Nora Femenia, Ph.D. Florida International University, Miami,
USA. Email: femenia@att.biz
[2] Nilda Susana Gorvein, Gipuzcoa. Email: gorvein4@gmail.com
[3] Evelin Lindner, (2006): “Making Enemies. Humiliation and
Internacional Conflict,” Westport, Ct: Praeger Security
Internacional.
[5] Lazare, A. (1987) Shame and humiliation in the medical
encounter, Archives of Internal
Medicine, 147, pp. 1653-1658
[6] Margalit, A. (2002) The Ethics of Memory. Cambridge: Harvard
University Press
[7] About Domestic Violence. Office on Violence Against Women.
http://www.ovw.usdoj.gov/domviolence.htm
Registrado el 2008-03-02
[8] http://en.wikipedia.org/wiki/Domestic_violence, registrado el
2008-03-8
[9] Klein, Donald. The Humiliation Dynamic, at: http://www.humiliationstudies.org/documents/KleinHumiliationDynamic.pdf
[10] Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de
Protección Integral contra la Violencia de Género. 1. La presente
Ley tiene por objeto actuar contra la
violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación
de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las
mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de
quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan
estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun
sin convivencia.
2. Por esta Ley se establecen medidas de protección integral cuya
finalidad es prevenir, sancionar y erradicar esta violencia y
prestar asistencia a sus víctimas.
3. La violencia de género a que se refiere la presente Ley comprende
todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las
agresiones a la libertad sexual, las amenazas,
las coacciones o la privación arbitraria de libertad.
[11] Cloe Madanes, (1997) Violencia Masculina, Buenos Aires:
Ediciones Juan Granica
[12] A. Nadler, T. Malloy & J.D. Fisher (eds.) Social Psychology of
Intergroup Reconciliation. New York: Oxford University Press.
[13] Gobodo-Madikizela, P. (2003). A human being died that night: A
South-African story
of forgiveness. New York: Houghton Mifflin.
[14] Cloe Madanes, (1997) Violencia Masculina, Buenos Aires:
Ediciones Juan Granica, p 122-126.
[15] Cloe Madanes, (1997) Violencia Masculina, Buenos Aires:
Ediciones Juan Granica, p 132-133.
[16] Paz Castillo Ruiz (2001) TRATAMIENTO DE HOMBRES AGRESORES EN
PAÍSES NÓRDICOS, BID
(Banco Interamericano de Desarrollo), consultado en Marzo 4/2008, |