Dinámica de la Humillación en la Violencia Doméstica

 

Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñate, España

 

10 y 11 de Abril, 2008

 

WORKSHOP:

Dinámicas de la Humillación y Diálogos Restauradores de Dignidad: un encuentro para la paz social

Nora Femenia y Nilda Susana Gorvein

 

Parte I:

 

1) Dinámica de la Humillación en la Violencia Doméstica

 

 

Por que la violencia doméstica es también humillación?

 

Este workshop invita los participantes a reflexionar en un aspecto hasta ahora postergado de los estudios de la paz y resolución de conflictos. Existe un fenómeno global, que es la dominación de unos grupos por otros, que tiene un reflejo en la dinámica de la violencia familiar.

Violencia Doméstica (o abuso doméstico) ocurre cuando un miembro de la familia, pareja o ex-pareja intenta dominar a la otra física y psicológicamente.

 


La humillación se produce por la violación de los límites personales de una víctima, por causa de la agresión moral y física cometida por la otra persona. Aparte de ser un delito, aquí vamos a considerar el aspecto de la humillación de la víctima de Violencia Domestica, definido como: negación de su dignidad como  persona o grupos


 

a) La experiencia de humillación

Como se puede describir la experiencia de humillación? Las mujeres sujetas a abuso doméstico, ya sea emocional o físico, dicen que se sintieron:


  • Incapacitadas, confusas, doloridas, paralizadas, llenas de rabia pero sin poder expresarla;

  • Achicadas, impotentes como una criatura; apuñaladas en el corazón o pateadas en el estómago;

  • Deseando hacerse tan pequeñas hasta desaparecer o ser invisible o que la trague la tierra; inundada de desesperación.

  • La humillación produce un sentimiento desagradable asociado con ser o percibirse siendo injustamente degradado, ridiculizado o hecho sentir inferior. En particular, es la identidad la que ha sido degradada.

  • La humillación es también percibida en el cuerpo, como un dolor físico intenso.

Para Lazare,(1987)  la experiencia de ser humillado a través de la agresión o violencia por un ser querido envuelve:

 

1.- sentirse expuesta, manchada, estigmatizada;

2.- reducida en posición social, achicada a la fuerza,

3.- degradada, deshonrada o desvalorizada;

4.- atacada con ridículo, insulto y/o desprecio.

5.- haciéndole sentir una urgencia de desaparecer de la tierra, o hundirse, o cubrir la cara ante los otros.

 

No importa cuantos años hace, la experiencia siempre es recordada de manera muy vivida en la memoria. Margalit (2002) dice que la humillación es una experiencia formativa que organiza el modo en que las personas se perciben a sí mismas. La experiencia de humillación forma la identidad del individuo o del grupo de un modo permanente. Los eventos humillantes que ocurren a nivel grupal impactan el sentido colectivo de la identidad del grupo como tal.

 

Claramente, la humillación envuelve una cierta clase de interacción definida y desagradable con otros. Podemos mirar punto por punto lo que envuelve:

-Forzada a estar por debajo de otros:

Si uno tiene que aplacar al humillador, por que no tiene fuerzas para resistir, esto equivale a “comer tierra;”  equivale a seguir sonriendo y excusando las acciones del victimario sabiendo que una es terriblemente desgraciada e infeliz, pero imaginando que no hay otra salida mas que aplacarlo;

-Estar excluida o hecha sentir insignificante

Ser humillada significa estar excluida y sentir que una es menos por estar excluida del grupo de los adultos que controlan al mundo. Una es menos que los que la excluyen, como si en sus ojos una no existiera…no pertenece y se la puede echar fuera con impunidad. Está excluida de las razones de la violencia que tiene que sufrir; de una explicación coherente; y también de de una reparación necesaria.

A nivel de alguna área social donde viven, las contribuciones de las mujeres no están reconocidas. Se las mantiene fuera del círculo del poder, donde están los que tienen el poder de hacer las decisiones, como si fueran niñas,  inferiores, inútiles o esclavas.

-Destrucción del auto-respeto

Estar humillada es perder respeto, sufrir un daño en la identidad y el sentido de sí misma.

La tragedia de ser golpeada por un compañero elegido por una, es que demuestra a todo el mundo, que funciona como testigo, qué torpe, estúpida e inútil es una que hizo semejante elección. Después de algún episodio de violencia, a la víctima le resulta muy difícil creer en su propio juicio debido a que se culpa de haber elegido a quien ahora la golpea.

Esto demuestra a su familia y amigos que ella no es capaz de cuidarse, y por lo tanto no es digna de lástima y merece que se la golpee.

El círculo de destrucción de la auto-estima comienza con la pérdida del respeto. Y su familia no va a estar muy motivada a intervenir tampoco (demostrándole de nuevo que ella no es digna de afecto o respeto), por temor a que ella se subordine nuevamente al victimario. Esto envolvería al resto de la familia en  la humillación percibida, razón por la cual van a usar negación para mantenerse al margen.

-Invasión del yo

Ser humillado es tener los límites personales violados y el espacio personal invadido. Cualquier maniobra física, ya sea violación sexual, tortura o violencia doméstica, destruye el respeto por el espacio personal de cada uno.

Podemos imaginarnos esta situación de modo interpersonal con una persona humillando a la otra de manera física, o podemos también imaginar situaciones de grupos humillando a individuos por el hecho de ser judíos, o negros, o mujeres, o discapacitados o miembros de alguna casta rechazada.

La percepción es que la violencia sufrida la ha forzado a exhibirse en público, donde todos pueden comentar negativamente acerca de su identidad de mujer golpeada, y hacer juicios de valor sobre su persona. No hay manera de proteger su intimidad.

En algunos países esto se remedia rápidamente este aspecto entrando a la mujer golpeada en un refugio donde hasta su identidad es mantenida en secreto, para poder comenzar el proceso de sanación en una situación protegida de violencia física.

-Dolor Público o Social:  

Son las experiencias dolorosas que aparecen desde la percepción de la distancia psicológica y social injusta entre nosotros y el grupo social al cual sentimos pertenecer, el de los seres humanos. Esta distancia percibida, nos hace identificarnos con una clase especial, la de las personas “parias” excluidas de la “gente normal.”

Se rompe el vínculo con los otros, dado que la exclusión hace sentir que ya no queda nada más que perder….es el camino de los excluidos permanentes, que a veces vuelven para tomar venganza haciendo un ataque masivo y anónimo a gentes que no tienen nada que ver con ellos.

Este tipo de identificación con una identidad por debajo de la dignidad de ser humano produce consecuencias inmediatas y de largo alcance, pues el dolor que causa provoca:

 

  • Auto-Percepción Disminuida


  • Auto-Regulación Disminuida


  • Aumento de la Conducta Insensitiva y Desafiante


  • Aumento de la vivencia de aislamiento y desconexión social

Es una premisa de este trabajo que la humillación impartida en relaciones interpersonales donde hay control y ejercicio abusivo del poder va mas allá de la violencia doméstica como castigo físico, y compone un cuadro donde la mera protección y distancia del victimario es penosamente insuficiente para reparar el trauma de la humillación a manos de una persona de la familia.

2) Descripción del Componente de Humillación en la Violencia Doméstica

Definimos aquí violencia a todo tipo de maniobra abusiva contra un miembro de la propia familia. Puede haber todo tipo de abuso, desde la violencia física hasta denigración y mal trato emocional.  Se acepta que la motivación mas fácil de discernir es el deseo o la compulsión de mantener el control sobre otros en el mismo circulo familiar, ejerciendo poder sobre ellos. Estas formas de abuso tienen la capacidad de producir dano físico o mental en las personas abusadas y hasta llevarlas al suicidio.

La Oficina de Violencia contra la Mujer Americana define la violencia doméstica como un modelo de conductas abusivas en cualquier relación, que se aplica por uno de los miembros para mantener poder y control sobre el otro compañero. La VD puede tener muchas formas, incluyendo abuso físico, sexual, emocional, económico y psicológico.

Violencia física es el uso intencional de fuerza física con el potencial de causar dano, injurias, incapacidad o muerte, por ejemplo: pegar, empujar, patear, morder  o usar un arma. Puede ser un solo episodio (explosión de rabia instantánea que no se repite) o puede formar parte de un cuadro de control si se le agregan técnicas de humillación permanente.

El abuso emocional o psicológico incluye el uso de humillación para controlar lo  que la víctima puede o no puede hacer; restringirle información y poder de decisión, hacer cosas que la hagan sentir avergonzada o disminuida en público y en privado, aislarla de la familia o amigos, y restringir su acceso al dinero u otros recursos básicos.

Diferenciamos aquí los sentimientos de humillación que una persona pueda sentir, del proceso humillante que una persona ejerce sobre otra. Klein  propone el término “dinámica humillatoria” para significar un proceso interpersonal permanente, no solo la experiencia personal de la humillación.

O sea que, al hacer violencia física o psíquica, el humillador va a buscar que haya un proceso establecido por el cual se refuercen los sentimientos de humillación que una persona experimente a través  del control que ejerce sobre ella. Esto se logra por medio de la introducción del tercero como testigo: los hijos, la familia extensa o público en general.

El componente de humillación de las operaciones de control, se puede describir como el “Triángulo de la Humillación”

La Dinámica de Humillación es un concepto relacional que enfoca la interacción entre las personas y su entorno social. La experiencia de humillación prototípica envuelve un triangulo con:

 

  1. el humillador

  2. la víctima, que experimenta ser humillada

  3. el testigo social, que conoce a la pareja, y ve la humillación

Todos hemos jugado los tres roles alguna vez, pero el rol de testigo es el más común: todos estamos expuestos a diario a espectáculos públicos de ridiculización, degradación, y el desprecio de otros.

Incluimos aquí como testigos a todo el mundo que percibe la situación de violencia doméstica. Los vecinos, amigos de la familia, parientes, miembros de la iglesia, y la sociedad patriarcal en general. Estos testigos tienen un dilema: ya sea que deciden reconocer lo que están viendo como un violación de los derechos humanos de una persona a manos de otra, (e intervenir) o negar la percepción y hacer como si no han visto nada anormal o ilegal, están en una posición difícil.

La aceptación de la violencia familiar se asienta en el consentimiento silencioso de los testigos, que a sabiendas o no convalidan este ataque. El hecho que haya tantas instancias decididas a jugar un rol pasivo de “no te metas con el caso particular,” nos ilustra sobre una de las explicaciones de su persistencia.

La violencia se perpetúa por que las personas involucradas, faltas de herramientas adecuadas para procesar esta atrocidad, deciden no hacer nada. El aumento del número de muertes de mujeres víctimas de la VD año tras año, nos hace preguntarnos por las razones sociales que la convalidan. Más allá de las razones propias de cada cultura, vemos en España que a pesar de haberse promulgado en 2004 una ley especial que provee un remedio especifico: Los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, las estadísticas dicen que no hay disminución observable todavía en el número de muertes por año.

Otro signo que hay una complicidad del testigo social frente a la humillación de las mujeres, es que se han diseñado numerosos auxilios destinados a sacar a la mujer del lugar de peligro inmediato, no habiendo demasiadas ayudas después para que pueda establecerse independientemente y mantener a sus hijos. O sea que se atiende a la urgencia policial, pero el problema de fondo: atender al desarrollo personal y financiero de la persona queda perfectamente ignorado.

El ir a un refugio tiene muchos riesgos de seguridad personal (la mayoría de las mujeres son atacadas y muertas por los maridos al ir al refugio), y de riesgo financiero (no hay recursos económicos que las ayuden a recomponer una situación económica digna). Y sin embargo, no hay otras soluciones ofrecidas por la sociedad más que sacarla temporariamente de la línea de fuego. Hay pocas excepciones de programas destinados a reconstruirles la auto-estima a través de lograr que el victimario acepte su responsabilidad por el ataque, el pedido de disculpas y la reparación del dano.

 

3) La humillación de las mujeres como un modo de control social.

La humillación de una mujer en manos de su pareja les sirve a todas las demás como recordatorio de su propia condición. La degradación de una es compartida por todas las otras de la misma condición.

Y cual es el mensaje recibido? El mensaje tiene que ver con el centro del proceso de humillación, que es ejercer poder y control, y sirve para que los hombres aprendan que este método de control de las mujeres es un arma legítima en su repertorio.

Cuando están creciendo, los muchachos están siempre aprendiendo los distintos aspectos del “pecking order” (orden de autoridad) y de cómo posicionarse en él por medio de rebajar a los demás.

Dentro de un paradigma social competitivo de ganar-perder, los varones aprenden que en la vida siempre hay ganadores y perdedores. En la primera infancia tienen que aprender a manejar su medio ambiente de modo de aprender como recibir recompensas y evitar castigos.

Descubrir que el amor de los padres depende de portarse bien (o sea que es condicional) y que va a sufrir humillaciones y castigos si se porta de modo incorrecto, es el tema central. Los varones mayores se ocupan de poner a los más chicos en su lugar por medio de la ironía, el castigo físico y la siempre latente amenaza de humillarlo en público frente a los demás (amigos o parientes).

Los grupos de varones pre- escolares y adolescentes aprenden a competir casi automáticamente, a posicionarse automáticamente por encima del otro, y a pelear por aceptación y reconocimiento con todas sus armas. Nada de eso viene gratis. El arma que templa estos desarrollos es la humillación pública, ya sea que uno sea su blanco o que sea el testigo de la humillación de los otros.

De este modo, los hombres aprenden que la humillación es un arma poderosa, que no deben sufrir humillación a manos de nadie, y que en el status que el pecking order les confiere, deben hacerse respetar por los de abajo. Aprenden de este modo a evitar cualquier tipo de riesgo de ser percibidos como sujetos a una situación humillante, y a redirigir la humillación hacia otros.  La simple capacidad de aceptar críticas de los demás disminuye en relación con la necesidad de mantener control sobre la propia posición en el orden.

Las personas haciendo la humillación se ven forzadas a repetir una conducta aberrante, que ellos han sufrido pasivamente desde pequeños, y que ahora los pone en la posición de victimarios. Humillar a otros no les cura su herida primordial, pero provee un alivio transitorio al infligir la misma humillación a otros. Hacen esto llevados por enseñanzas sociales que les permiten imaginar un alivio si se ponen en el rol del poderoso y colocan a otros en la posición de impotencia que ellos tuvieron en una época anterior.

Es muy fácil desde aquí atribuir el estado subordinado a las mujeres, interpretar su independencia emocional o financiera como una amenaza al orden constituido, y tratar de controlarlas usando amenazas de violencia, o violencia estratégicamente aplicada de modo que tenga un valor educativo doble: ya sea frente a los hijos o a los parientes. Les enseña a todos, de una manera refleja, como está constituido el orden patriarcal, para que todos lo reconozcan y se sujeten a él.

4) La Diferencia Entre Humillación Y Vergüenza

Vergüenza y humillación son dinámicas diferentes y se procesan de modo diferente en los niveles individuales y colectivos. Una diferencia fundamental es que la humillación se produce en la interacción con otra persona o grupo, quien es capaz de ponerlo a uno en una posición impotente y rebajada, porque tiene el poder para hacerlo. La vergüenza envuelve, primordialmente, un juicio de valor del yo sobre si mismo.

La vergüenza se manifiesta cuando no hemos sido capaces de vivir de acuerdo con nuestras propias ideas de valor, o juicios morales. Se refiere a medirse con lo que constituye la conducta apropiada en los ojos de uno, y en los ojos de la comunidad donde uno esta.

Humillación es lo que uno siente cuando uno es ridiculizado, rebajado por lo que uno es, más que por lo que uno hace. Ser humillada por que se es mujer es el sentimiento básico, y duele por que ataca las creencias primordiales acerca de la igualdad de las personas, como un derecho humano de todos.

Las personas creemos que podemos juzgarnos a nosotros mismos y podemos aceptar la vergüenza, pero nadie cree que se merece ser humillado, por que se humilla a otro basado en criterios que el humillado no puede cambiar. Humillar a alguien por que es negro o mujer significa cargarlo con una demanda imposible: no se puede cambiar ser mujer o ser negro.

La humillación no es vergüenza; una persona puede sentir vergüenza de sus propias falencias, pero esto no significa que los demás puedan humillarlo por esas mismas falencias. Acá hay un fallo de expectativas de  derechos humanos, por que se somete a la víctima a criterios idiosincrático y particulares del grupo que se mantiene en el poder y no se la acepta en su diversidad. Uno no necesita sentirse avergonzado de quien uno es para poder experimentar humillación a las manos de otros.

A pesar que a veces los episodios de humillación provocan vergüenza a nivel individual, es útil considerar a estas dos situaciones como separadas, por lo menos para los propósitos de trabajar por un orden más justo y que promueva la salud emocional. Sobre todo, hay que tratar de evitar la identificación de las víctimas con su victimario.

Existen algunas consecuencias desagradables de las experiencias de humillación permanentes, tales como:

 

  • identificarse con el victimario y experimentar vergüenza de ser uno como es;

  • ver la propia vida desde una perspectiva cínica y negativa como una secuencia de humillaciones provista por Dios o un ser superior para hacer sufrir a los humanos;

  • deprimirse seriamente;

  • obtener un tipo de venganza substitutiva por las humillaciones pasadas y presentes infligiendo abuso físico y emocional en otros mas débiles;

  • construir una visión paranoide del mundo y de los otros,

  • aceptar la destrucción propia a través del suicidio.

5) Situación actual del tratamiento de la violencia domestica

Hasta este momento, no hay demasiados enfoques que propongan métodos de reparar no solo los efectos de la violencia doméstica sobre sus víctimas, pero también identificar y curar el componente de humillación que acompaña al ataque.

Los procesos establecidos por distintas sociedades atienden más bien a la prevención de un daño mayor, separando a la víctima del victimario, y alentando a que ésta pueda organizar una vida independiente. Los refugios, los numerosos tratamientos de mujeres golpeadas ofrecidos y en general, la literatura del tema ofrecen solamente la solución de separar a la víctima. Esto la protege de la situación riesgosa, al mismo tiempo que la deja esperando para siempre una reparación de su dignidad como ser humano respetable que no llegara nunca. Y el victimario no ha aprendido a manejar su agresión de un modo aceptable.

Aquí sostenemos que está permitida hoy la ayuda individual a la víctima, pero no el cuestionamiento social a la humillación, dado que esto tendría un efecto importante sobre las reglas de la interacción social entre hombres y mujeres del patriarcado. Se niega la falta de respeto a los derechos humanos de las mujeres dentro del matrimonio, frecuentemente desviando la atención de la necesaria reparación de la dignidad injuriada, y a menudo  culpando a la víctima.

Existe una pregunta clásica en esta área, que está en boca de todos los terapeutas y profesionales que atienden casos de violencia doméstica, y es: “Por que ella no se va de la casa y lo deja al victimario”?

Caso tras caso, vemos que la mujer vuelve al hogar, a exponerse a la misma situación de violencia. Aquí arriesgamos una explicación diferente a las clásicas ofrecidas, sin negar su valor explicativo (“ella es masoquista,” “quiere ser golpeada,” “es dependiente,” “no puede obtener el dinero para vivir sola,” etc.). Cualquiera sea la razón elegida, no es suficiente para explicar el por qué exponerse a una mayor violencia!

Salvo que haya un bien mayor que conseguir al volver…y éste es la reparación de la humillación. En este trabajo, sostenemos que la mujer golpeada vuelve pues necesita de él un cierre con respecto a la imagen que ella tiene de sí misma a través de él…

Necesita confirmación, viniendo exclusivamente de él, no de nadie más, sino de su compañero, que ella es la persona digna, valiosa y a su nivel que él eligió cuando se casaron!

Entre ellos hay un pacto de reconocimiento mutuo que se quiebra cuando el golpea y la rebaja a un nivel inferior, subhumano, de un ser que él tiene poder para humillar y golpear.

Ella necesita la reversión de este proceso de humillación, ofrecido por conductas especificas de él, que le devuelvan a ella la identidad completa y segura. Hasta que no logre esta reparación, ella no se puede ir…Quizás consienta en irse cuando descubra que es mayor el riesgo de la violencia que escala sin control, que la posibilidad de recibir reconocimiento.

Para esto, hace falta un diálogo especial, que proponemos mas adelante, y que necesitaría estar incluido en las políticas de ayuda a la mujer golpeada de las entidades oficiales. Es este aspecto de humillación conyugal y los modos de proveer su reparación explícita que vamos a explicar ahora.

6) El Camino Hacia la Reparación

Hemos llegado a describir el rol de la humillación en la relación de abuso y violencia doméstica. Aquí vamos a ofrecer un par de propuestas enraizadas en el remedio a la humillación, que es el reconocimiento, a través de revisar las propuestas de Cloe Madanes, y de Nadler y Schnabel.

El principal punto que tratamos de enfocar aquí es lograr la restauración del poder de la víctima, a través de procesos de reconocimiento y reconciliación. Es evidente que esta propuesta es distinta al enfoque oficial sobre violencia doméstica, por que rescata el valor de incluir al victimario en un proceso activo de reparación.

Si se ha demostrado que excluir al victimario aumenta su peligrosidad y el riesgo de desatar más violencia, aquí proponemos el rol único del victimario como protagonista de un proceso activo de reparación de la dignidad de su víctima (o víctimas). En este sentido, las dos propuestas teóricas comparten la proposición de considerar a las dos partes del conflicto de violencia doméstica al mismo tiempo como relacionadas y capaces de restaurar algún vínculo positivo entre ellas.

La gran diferencia con los enfoques clásicos para el tratamiento de VD es que se incluye la presencia del victimario dentro de un programa de reparación tan exigente como necesario.

Recordando la discusión en el campo de la mediación familiar sobre el tema: se puede mediar un caso que incluya violencia doméstica? Acá la respuesta es un complejo “SI.”

Esta es una mediación reformada, en la cual se hace énfasis en un proceso predeterminado para conseguir objetivos concretos, y el tema de la violencia y el abuso es precisamente el foco del proceso. Algunos mediadores tradicionales no aceptarán que este proceso puede hacerse desde un encuadre clásico de mediación, y preferirán dejarlo en manos de terapeutas familiares.

Diríamos que el “acuerdo a lograr” es un consenso de la pareja o familia sobre ciertos hechos:

  1. la violencia existió realmente: es repugnante, ilegal y humillante

  2. la persona que ejerció violencia se tiene que hacer responsable

  3. y pedir perdón y ofrecer reparaciones a la víctima y testigos

  4. todas las partes van a ser testigos del plan de reparación.

En las palabras de Madanes: “toda persona, no importa lo que haya hecho, tiene la posibilidad de auto-determinación, de decidir hacer lo correcto para el futuro, de cambiar por completo su vida para su propio beneficio y el de la sociedad. En este enfoque, se exige que el individuo encuentre un sentido a su existencia, a pesar del crimen que ha cometido. Tiene que vivir, por más que le cueste, para reparar el daño que ha causado a su familia, y asumir sus actos futuros dentro del marco de esta reparación.” (Pág. 79)

Yendo todavía mas adelante en esta propuesta de incluir a las dos partes en la intervención restauradora de la dignidad, está la teoría de las Necesidades Humanas, propuesto por Arie Nadler and Nurit Shnabel, que consiste en tres niveles consecutivos de proposiciones:

  1. La experiencia de humillación de las víctimas es una amenaza a su identidad como actores sociales valiosos; asimismo, los victimarios experimentan una amenaza a su identidad como actores morales;

  2. Por su lado, los victimarios buscan información sobre el grado en que son aceptados por los otros y vistos como entidades morales; mientras que las víctimas buscan recomponer su poder y obtener reconocimiento de la injusticia hecha a ellos. La frustración de estas necesidades lleva a sentimientos de inferioridad moral y de falta de poder que constituyen barreras a la reconciliación.

  3. Finalmente existe la posibilidad de ofrecer mensajes de aceptación social y empoderamiento,  que van a satisfacer las necesidades emocionales de las víctimas y de los victimarios, y de allí desarrollarán una mayor disposición a reconciliarse entre sí.

  4. El ciclo de apología y perdón aquí descrito constituye una interacción social que satisface las necesidades psicológicas de ambos: la víctima y el victimario.

 

Cuando el victimario se disculpa admitiendo responsabilidad por los daños cometidos, le da a la víctima el poder de darle o negarle el perdón. Esto le devuelve a la víctima el poder y el auto-control que le fueron quitados en el episodio de victimización.

Si la víctima entiende las circunstancias que llevaron al victimario a cometer esos delitos, y que ahora al buscar ser perdonado por esos mismos delitos el victimario busca no ser más en el futuro percibido como un “monstruo moral,” y quiere ahora ser aceptado de vuelta en la comunidad en algún tiempo futuro, el proceso tiene éxito.

El completar este ciclo de “disculpas—perdón” les permite a la víctima y al victimario el moverse mas allá de las barreras emocionales de la impotencia y la inferioridad moral y esto aumenta su capacidad para crecer como individuos.

En su análisis de las consecuencias psicológicas de este proceso de responsabilización-perdón, Gobodo-Madikizela, (2003, p.117) presenta este argumento: “…la decisión de perdonar puede paradójicamente elevar a la víctima a una posición de fuerza, como la persona que posee la llave  del deseo del victimario… la víctima se transforma en el controlador de los deseos de la persona humilladora.”


Los victimarios, por el otro lado, están enfrentando un desafío a su identidad como personas valiosas y  morales. Ser identificado como el culpable de victimizar a otro, puede resultar en expulsión de la comunidad, del grupo donde uno pertenece. Cuando la víctima le ofrece el perdón por sus crímenes, esta sensación de estar excluido se hace más soportable, y le da esperanzas de volver a ser respetado.

El punto aquí no es que ambos se reconcilien y vuelvan a vivir juntos, como si nada hubiera pasado. El punto es enseñarles a ambos una lección nueva:

1) Al victimario, que se tiene que hacer cargo de sus propias acciones y sus consecuencias, y pagar el precio de traspasar barreras de respeto a otro ser humano.

2) Para la víctima, recuperar su propio poder de decidir qué tratamiento quiere recibir de los otros, y aprender de poner límites a conductas no aceptables cómo reclamar su poder como ser humano adulto.

7) Diferencia entre reconciliación socio-emocional y reconciliación instrumental

 

Es necesario hacer una diferencia entre reconciliación socio-emocional, y la reconciliación instrumental. La reconciliación instrumental es un pacto consciente de no agresión, que demuestra a través de repetidas acciones que las partes pueden confiar el uno en el otro.

Es la reconciliación entre enemigos destinada a retomar algún contacto para ejecutar un proyecto en el futuro. Este se enfoca en el presente y requiere aceptar que se necesita una cooperación entre adversarios, para planear un futuro reconciliado.

Si solo planeamos que las partes puedan tener una coexistencia separada, como personas divorciadas, quizás solo una reconciliación formal, que mire hacia el futuro y no el pasado de la relación sea suficiente. A este efecto, habrá que confiar en los términos del acuerdo entre partes sostenido por las estructuras legales….pero sabemos que esto no repara los aspectos emocionales destruidos; sólo provee una base de acuerdo pacífico y legaliza el status quo deseado.

La reconciliación socio-emocional, al estar basada en hechos del pasado, mantiene que una confrontación constructiva, que ayude a las dos partes a superar el episodio de victimización es la clave para un futuro de reconciliación.

La reconciliación socio-emocional es mas consistente con el objetivo de la reintegración. Busca restaurar las identidades valiosas de ambas partes, a través del ciclo de apología-perdón, que los libera de las amenazas que cada uno presenta para la identidad del otro. Dejan de verse recíprocamente como una amenaza, y están ambos incluidos en una identidad más amplia, más inclusiva.

La reconciliación socio-emocional tiene el poder de efectuar un cambio en la identidad y auto-imagen de cada una de las partes. Es mas que instrumental, reparatoria. Tiene que haber un poco de confianza para que las disculpas por el acto agresivo sean tomadas como genuinas y no como otra maniobra más de control.

Quizás haya que empezar con una reconciliación instrumental, tomando sólo algunos aspectos de las reglas de interacción de Madanes, (voluntad del agresor de participar; contar toda la verdad de las agresiones hechas, aceptación de su responsabilidad)  y de allí pasar a la reconciliación socio-emocional descripta por Nadler.

A nivel de conflictos afectando no una pareja, sino a la misma sociedad, hemos visto que los procesos de reconciliación y verdad social han sido institucionalizados al final del proceso de mediación de los conflictos internos, para promover así el objetivo de la integración social.

La decisión básica en el comité de verdad y reconciliación en Sud Africa, era que el proyecto de reconciliación entre blancos y negros sería facilitado a través del proceso de contar la verdad de los hechos de agresión por los victimarios, bajo la condición de recibir el perdón de sus víctimas.

 

Parte II:

Los Diálogos Restauradores de Dignidad

El método de Cloe Madanes:

Hay algunos principios que guían este proceso reparativo, llamado por Madanes la “Terapia de Acción Social.”

Ellos son:

  1. las personas cambian cuando cambia su ambiente social, por lo que el agente (terapeuta o mediador) interviene modificando la significación de las relaciones (haciendo un re-enmarcado);

  2. el agente es directivo, y tiene que saber qué indicaciones ofrecer al grupo familiar afectado;

  3. el objetivo más importante es la protección de los derechos humanos de las personas afectadas. Si el agente no lo hace, es muy posible que no haya otras entidades sociales que puedan defenderlos.

  4. Un grupo humano tiene que organizarse para hacer lo que es moral y éticamente correcto. En los problemas de violencia y abuso, este principio es fundamental. Y cómo no se puede evitar tratar a ambas partes de la díada: abusados y abusadores, es que hay que saber qué está bien, qué está mal y trazar la línea divisoria para que el grupo familiar pueda entender qué hacer.

  5. En casos de abuso, el dolor no solo es moral, es espiritual. Dado que la humillación ataca al sentido espiritual y moral de una persona, hacer lo correcto significa restituir el espíritu de las personas dentro de la relación correcta. Este sentido espiritual se localiza en los sentimientos enraizados en la red familiar: suponemos que quien nos quiere, no nos va a  atacar, y nos protegerá si estamos en una situación de menor poder. Un hombre que pega a su esposa viola esta ley familiar de apoyo y cuidado mutuo, abusándose de la falta de poder de ella.


Qué significa esto en la práctica?

En una terapia de acción social, cada persona es responsable por sus actos. No importa cual sea la provocación, siempre hay una alternativa mas pacífica. Si el padre eligió portarse con violencia, hay que saber que él tenía otros caminos posibles, pero decidió activamente ejercer la violencia con su esposa o hijos. No puede justificarse a través de su naturaleza, su carácter o la fuerza de sus emociones. Tampoco por estar bajo la influencia del alcohol o drogas.

Como en los procesos establecidos en los comités de verdad y reconciliación, establecer una verdad consensuada es importante para Madanes. Ella dedica mucho tiempo a averiguar todo lo necesario sobre cada uno de los episodios de violencia, hasta que está segura que todos comparten la misma información. Esto reafirma el hecho que la violencia es grave, cualquiera sea su grado; que implica un abuso de poder y control, y que todos comparten y aceptan esta información. Madanes llama a este punto: fomentar el “sentido de realidad,” de todos los miembros, con lo cual evita la negación grupal de la gravedad de los ataques.

Un padre violento no solo debe creer y aceptar que es el único responsable de su violencia, y que la violencia está muy mal; también tiene que expresar ese convencimiento a aquellos a quienes ha herido y transmitirles su pesar genuino por los actos cometidos. Para Madanes, este pesar toma formas muy concretas: ella invita al hombre a pedir perdón de rodillas a la persona agredida, y no acepta ninguna otra forma de disculpas. La mujer debe estar allí, ver al hombre de rodillas pidiéndole perdón y decidir cuando la disculpa le parece tan genuina que merezca su perdón; sólo entonces decidirá si puede o quiere perdonarlo.

Y POR QUE ESTA DECISION TAN FUERTE DE INVITAR A PEDIR PERDON DE RODILLAS?

Madanes cree que es la única manera en que se rompe definitivamente el supuesto básico de poder y control masculino sobre las mujeres.

El agresor va a considerar esto un pedido humillante; para Madanes, es justamente por esta razón (haber causado una humillación a su mujer)  que debe arrodillarse, para restaurar el poder de su cónyuge.

No puede reemplazar esto con un pedido de perdón solamente verbal, por que no está en condiciones de pedir nada. La cuestión no es pedir perdón, es arrodillarse y mostrar su pesar.

Esta terapia social se basa en arrepentimiento y reparación, no en la obtención de perdón. Y allí el terapeuta preguntará a la familia o a la mujer si éste arrepentimiento les parece sincero; de otro modo tendrá que disculparse de nuevo. Aunque no se disculpe por la agresión, tiene que disculparse por la mala relación con la mujer, y por la hostilidad demostrada hacia ella.

A lo largo del proceso de investigar los actos de violencia, habrá que tener cuidado de re-enmarcar el sentido de los actos de violencia masculina, llevándolos de ser vistos desde un marco que los denota como símbolos del poder y el control de los hombres hacia las mujeres, hacia presentarlos como inmadurez, debilidad y derrota en el liderazgo sano de padre de la familia.

Para contrastar con ejemplos de otros desarrollos en otros países, veamos la propuesta de Paz Castillo Ruiz (2001), en su relato de tratamiento de hombres agresores en países nórdicos:

 


 



El proceso de terapia de acción social:

 



 



• Es abierto y el terapeuta cumple una función crucial en centrar la terapia en la violencia doméstica.

 



• Todos los participantes han de reconstruir minuciosamente, frente a

 



los demás, los episodios de violencia (en algunos casos se obliga a utilizar el nombre propio de la persona agredida).

 



• Una vez que la violencia es visibilizada y reconocida, se ayuda al individuo responsable a reconocer las fases de escalada y las técnicas para su control (el time out [tiempo-fuera] es una de las más conocidas).

 



• El individuo también ha de reconocer que su conducta era consciente y evitable, que es responsable porque teniendo opciones pudo actuar de otra forma y que su conducta implicaba algún tipo de control sobre la víctima.

 



• Por otra parte se le ayuda a ver las consecuencias de la violencia (para él y su familia) y otras opciones o salidas.

 



• Hay un consenso familiar respecto a los componentes de este proceso.

 


 

 

La diferencia es que en este proceso, se incluye la observación de las señales de la escalada del conflicto hasta niveles de violencia interpersonal. Y se promueven técnicas de auto-control para desactivar la tendencia a la agresión, restaurando la capacidad del agresor de controlarse a si mismo. NO se incluye la parte de mostrar arrepentimiento de rodillas, por lo tanto no podemos decir que esta técnica desarrollada en países nórdicos cumpla con la tarea de reparar la humillación de la parte abusada.

 

 

Parte II:

Los Diálogos Restauradores de Dignidad

 

 

PROPUESTAS DE INTERVENCION

 

 

En este trabajo proponemos métodos pacíficos de restauración del respeto a los derechos humanos a la integridad física y emocional, reparación de la humillación infligida y en general la implementación de sistemas apropiados de reconocimiento y curación de la dignidad. A estos métodos los hemos llamado “Diálogos Restauradores de Dignidad”

 

Esto se hace a través de la propuesta de conversaciones organizadas con las partes afectadas, posiblemente la pareja o familia con violencia doméstica, ya sea desde el rol de un terapeuta familiar, de un asistente social, o de un terapeuta-mediador. Puede haber también una intervención por dos profesionales. Estas pueden ser un ciclo de reuniones de dos o tres, hasta diez, dependiendo del caso, de una duración establecida de 60 a 90 minutos.

 

Los casos propuestos por Madanes, dada la existencia de violencia doméstica han sido referidos a estas reuniones terapéuticas por las entidades del estado. Ella describe el rol de terapeuta social como: “cambiar las relaciones, reorganizando la red natural de la familia, la tribu y luego retirarse y dejar que los miembros del grupo se cuiden y protejan entre ellos.” (p 34)

 

Los diálogos reparadores de dignidad son procesos que tienen:

a) un objetivo declarado: cambiar las relaciones de poder;

b) un esquema ya establecido de pasos

c) un lenguaje apropiado

 

ETAPAS EN EL PROCESO DE: APOLOGIA-RESPETO-RECONCILIACION

 

En estos diálogos, vamos a proponer  el objetivo de cada etapa, y los contenidos de la conversaciones, listando los elementos de los tópicos y el estilo o técnica de comunicación elegido.

 

 

1.- Etapa

OBJETIVO: Restauración del Respeto:


  • Suspender el juicio de valor hasta tener toda la historia;

  • Escuchar reflexivamente a ambas partes;

  • Descubrir los supuestos (control, poder) subyacentes,

  • Invitar a hacerse cargo de la responsabilidad total por los actos de agresión

  • Invitar a mostrar arrepentimiento sincero por todas y cada una de las agresiones, arrodillándose ante las victimas

  • Administrar las resistencias y emociones,

  • Demostrar empatia y respeto a los dos lados

 

 


EXPLICACION

 



 



Dado que estos diálogos están centrados en trabajar la violencia tanto física como emocional, y su componente de humillación interpersonal, es importante mantener el foco.

 



 

 



En realidad el único gran problema familiar es el balance entre control y violencia;  amor y respeto. Por eso hay que ofrecer un espacio de diálogo sobre lo que les pasa con el tema del control y la violencia.

 



 



Las preguntas estarán dirigidas a oír la narrativa de las víctimas, hacerles escucha reflexiva, dándoles el respeto adecuado y enfocar los porqués de la violencia en términos de control y poder. Lo mismo se recibirá la narración del victimario, dándole el mismo re-enmarcado de poder abusivo, usando las palabras: “abusar” y “ejercer poder.”

 



 



Una vez que se ha establecido claramente que no hay excusas para

 



ningún acto de violencia y éstos son recordados en todos sus detalles, se invita al victimario a mostrar su arrepentimiento por los actos que ya ha reconocido que hizo.  

 



 



Finalmente, identificar en este arrepentimiento los aspectos de sinceridad emocional, para reforzar la emoción de pena por lo hecho.

 


 

 

 

2.- Etapa

OBJETIVO: Restauración del Reconocimiento:


  • Identificar y reconocer las necesidades humanas de respeto y reconocimiento de ambas partes;

  • Hacer apreciación de las cualidades positivas: la resiliencia de ella y de los hijos ante la agresión física y la violencia doméstica;

  • Capacidad de él de sentir vergüenza por haber sido violento.

  • Ofrecer narrativas donde se re-evalúe la situación del otro, identificando los aspectos valiosos y que ambas partes acepten.

 

 


 



EXPLICACION:

 



 



Revisar los episodios de agresión, haciendo hincapié en la violación de derechos humanos:

 



 



A la privacidad

 



A la integridad corporal

 



A la seguridad, etc.

 



A la inclusión dentro del grupo familiar.

 



 



Y revisar esos episodios buscando los aspectos de resiliencia:

 



–Qué hizo la víctima para protegerse? Para prevenir el ataque? Para sanarse luego? Para hacerse feliz?

 



 



–Qué hizo el victimario para volver a sentirse humano de nuevo? Para ayudar a sus víctimas a sentir confianza de nuevo? En que momento se permitió sentir vergüenza o pena?

 



 


 

 

3.- Etapa

OBJETIVO: Restauración de algún tipo de VINCULO :

 

 

  • Enseñar expresiones de respeto por la dignidad del otro

  • Enseñar las narrativas de la co-responsabilidad

  • Identificar las circunstancias donde el otro se sienta humillado.

  • Validación de los traumas grupales del pasado, sin tener que repetirlos, usando rituales y símbolos.

  • Propuesta de frases apreciativas de todos los días.

 

 


 



EXPLICACION:

 



 



Las expresiones de respeto deberán ser propuestas, usadas en la sesión y trabajadas en casa. Se les pedirá en la reunión siguiente

 



que cuenten cómo y cuando las aplicaron.

 



 



Narrativas de la co-responsabilidad: si son padres divorciados, que tengan un cuadro que diga quién va a hacer qué cosa y cuando;

 



hacer listas de las responsabilidades de soporte mutuo, o de crianza de los hijos y dividir las tareas, de modo que cada uno sabe lo que el otro va a hacer y de que es responsable de hacerlas.

 



 



Ayudarlos a ver que tipo de conductas/frases/actos producen humillación; pensar que frases/actos los compensan.

 



 



Identificar que actividades o programas repararían los daños del pasado: y planear cómo hacerlas.

 



 



Darles una lista de frases apreciativas basadas en la realidad de cada uno: Que es lo que Ud. aprecia del otro?

 



 


 

 

 

CONCLUSIONES

 

 

Hemos propuesto aquí un enfoque nuevo al tema de la violencia doméstica, dentro del marco de la humillación y su compensación que es la restauración del respeto y la dignidad. Se ha revisado una propuesta de trabajo que incluye la reparación de la humillación a través de diálogos específicos con objetivos delimitados de antemano.

 

Esperamos que este enfoque aporte algo novedoso a la urgente necesidad de transformar el problema de la violencia en todas sus manifestaciones dentro de la dinámica familiar.

 

La práctica frecuente de los elementos del diálogo restaurativo de dignidad hará que los grupos familiares aumenten su repertorio de herramientas para la construcción de relaciones pacíficas y satisfactorias de sus necesidades de respeto, seguridad y pertenencia.

 

 

REFERENCIAS

 

About Domestic Violence. Office on Violence Against Women. http://www.ovw.usdoj.gov/domviolence.htm   Registrado el 2008-03-02

 

Arie Nadler and Nurit Shnabel, (2006) “Instrumental and Socio-Emotional Paths to Intergroup Reconciliation and the Need-Based Model of Socio-Emotional Reconciliation,” in A. Nadler, T. Malloy & J.D. Fisher (eds.) Social Psychology of Intergroup Reconciliation. New York: Oxford University Press, publicado en:

http://www.humiliationstudies.org/documents/NadlerIntergroupReconciliation2006.pdfhttp://www.humiliationstudies.org/documents/NadlerIntergroupReconciliation2006.pdf

 

Gobodo-Madikizela, P. (2003). A human being died that night: A South-African story of forgiveness. New York: Houghton Mifflin

Klein, Donald. The Humiliation  Dynamic, at: http://www.humiliationstudies.org/documents/KleinHumiliationDynamic.pdf

 

Lazare, A. (1987) Shame and humiliation in the medical encounter, Archives of Internal Medicine, 147, pp. 1653-1658

 

Lindner, Evelin Gerda (2006): “Making Enemies. Humiliation and International Conflict,” Westport, Ct: Praeger Security International.

 

Lindner, Evelin (2003) Definitions of Terms as they are used in Lindner’s writing © Evelin Gerda Lindner, publicado en:

http://www.humiliationstudies.org/documents/evelin/WorsethandeathNewRoutes.pdf

 

Madanes, Cloe;  Keim, James & Smelser, Dinah (1997) Violencia Masculina, Buenos Aires: Ediciones Juan Granica

 

Margalit, A. (2002) The Ethics of Memory. Cambridge: Harvard University Press

 

Paz Castillo Ruiz (2001) TRATAMIENTO DE HOMBRES AGRESORES EN PAÍSES NÓRDICOS, BID (Banco Interamericano de Desarrollo), consultado en Marzo 4/2008, en:

 

http://www.iadb.org/sds/doc/VD2TratAgresNor.pdfhttp://www.humiliationstudies.org/documents/evelin/WorsethandeathNewRoutes.pdf

 

http://en.wikipedia.org/wiki/Domestic_violence, registrado el 2008-03-8

 

 

 

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